Raazbal, fragmento del capítulo 3

Extracto del capítulo tercero de la novela Raazbal, de Óscar Bribián:
«Agosto era buena época para cazar. Uno de los batidores del conde había vuelto al amanecer, hablando de un jabalí enorme cuyo territorio se encontraba en un espeso monte, a orillas de un río que serpenteaba a media jornada de camino del castillo. El cazador había tenido la oportunidad de contemplar al animal en la lejanía y calculó su tamaño con ayuda de las ramas quebradas en el territorio y de la amplitud y profundidad de sus huellas.
Don Sancho mostró especial interés en el asunto. Tal vez no tuviera otra oportunidad para cazar en mucho tiempo, así que decidió ocuparse de todos los detalles. Examinó la jauría de perros y los caballos que iban a utilizar durante la montería, y se ocupó él mismo de tensar la cuerda de su arco de abedul.
Al caer la noche del día siguiente, don Sancho llegó al campamento de avanzada situado en los lindes del territorio del animal, acompañado por Martín y por su hijo Rodrigo, quien también llevó a su escudero Gerardo. Este era un hombre tuerto, mucho más viejo que su señor, pues rondaba los cincuenta años. El conde habló con los cazadores y con los batidores, incluido el viejo Mordao, para acordar con ellos las señales de cuerno, la colocación de los caballos de reemplazo y las medidas pertinentes para evitar la huida del animal.
A la mañana siguiente se adentraron en el monte, tapizado de castaños y alcornoques. Por orden de don Sancho, el grupo se detuvo y solo siguieron adelante el cazador que llevaba al sabueso y el conde junto a Martín, ambos a caballo.»
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