Reseña de Últimos días en el puesto del este, de Cristina Fallarás

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Publicada inicialmente en Ociozero el 26-3-2013

 

La primera vez que supe de esta historia fue durante la feria del libro de Zaragoza. Fernando Marías traía a tres autores que leerían e, incluso, interpretarían, sus narraciones respectivas. Fue un momento de esos en los que uno lamenta cuán indolente es la ciudadanía que se queda en el sofá mirando la tele, teniendo actividades culturales como aquella, gratuitas y en pleno centro de la ciudad, ya que apenas estábamos una veintena de asistentes en el patio del edificio de Capitanía, un enclave magnífico para un evento así.

En fin, esos tres autores eran David Torres, José Alberto Arias y Cristina Fallarás. Los tres estuvieron estupendos. Yo me había sentido algo defraudado (no tanto por la ausencia de calidad, sino por un exceso de expectación) con la novela de FallarásLas niñas perdidas, recientemente premiada por entonces y cuyo recuerdo aún guardaba en la retina, y sabía que el texto que la autora nos iba a leer era un extracto de su recién premiada novela Últimos días en el Puesto del Este (editada por la malograda DVD Ediciones y rescatada ahora por Salto de Página). La autora hizo su interpretación con el Adiós Nonino de Astor Piazzola como música de fondo (toda una sorpresa), y supo transmitir la fuerza y desesperación de la protagonista. Varios meses después he leído la obra completa, esta novela breve que, a mi juicio, se encuentra un peldaño por encima de la citada anteriormente.

Así, Últimos días en el Puesto del Este nos conduce a un escenario distópico sobre el que pueden realizarse varias lecturas: el exceso de la tolerancia laica hacia las vertientes más extremistas de las religiones, no importa tanto si orientales u occidentales, la situación degradante en que se ven envueltas las personas que lo han perdido todo, el nerviosismo y la incertidumbre, el pesimismo que produce estar rodeado de personas con las que no cabe la comunicación, las rencillas entre seres humanos que conviven en espacios cerrados. Todo eso se transmite en una obra donde los fundamentalistas se presentan como hordas que una y otra vez intentan penetrar en los reductos de la decadente civilización, que merodean día y noche acompañados de jaurías para cazar a los últimos supervivientes del fanatismo globalizado. Pero esto solo es un telón que sirve de excusa para después mostrar lo que verdaderamente tiene importancia de esta obra, el poderoso monólogo interior de una mujer que, junto a sus hijos, vilipendiada por el resto de personas que malviven en el Puesto del Este, aguarda la llegada de su marido, el líder de ese reducto.

La autora hace gala de su estilo vehemente y directo, de prosa potente y a veces lírica, cargada de rabia, para sumergirnos en los pensamientos de esta madre y esposa, la Polaca. Una buena novela con pasajes encomiables, diálogos sin respuesta, pasiones, infidelidades, añoranzas, erotismo y violencia, un cóctel de recuerdos frente a la catástrofe espiritual del mundo. No se la pierdan.

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